| Alejandro Magno (Alexander) |
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| Escrito por Janusz | ||
| sábado, 22 de enero de 2005 | ||
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Síntomas del cine "épico" actual Si tuviésemos que calibrar a Alejandro Magno como película del género épico habría que decir que es un auténtico pestiño. Nada en sus imágenes me recuerda a esas grandes historias, batallas, personajes de grandes tragedias superados por su destino, a pesar de que Oliver Stone lo intente de las formas más fraudulentas: con una música apoteósica de Vangelis (no os recuerda a Wagner en ocasiones?) que no se corresponde en nada con sus imágenes y poniendo aquí y allá unos patéticos primeros planos de Colin Farrel con los ojos llorosos, llenando la película con escenas que parece mentira que alguien las llame dramáticas. Ahora bien, visto lo visto estos últimos años, el cine èpico ya no existe, ahora hay que hablar de "cine que quiere ser épico", sus claves son: discursos a caballo en medio de la batalla con diversos temas a tratar -libertad, compañerismo, valentía-, batallas que siguen el tópico Val Lewton "sugerir más que mostrar" por que tampoco hay que ensañarse con la violencia y no sabemos manejar gran cantidad de gente ni tampoco podemos perder el tiempo manejando efectos especiales, por lo que lo más sencillo es empezar con un plano general lleno de efectos especiales (siempre más grandes y mejores que la película anterior) y luego poner planos cortos con la cámara bailando aquí y allá sin el menor sentido de la composición. También hay otros apartados importantes, aunque esto en el caso del guión, algo que debería importarnos menos, pero claro, hoy ir al cine es exactamente lo mismo que leerse un libro (aunque más rápido y más divertido). En las películas siempre tiene que haber historias de amor, aunque tengamos que sacárnoslas de la manga (El señor de los anillos) o ir inventandolas por el camino (Máximo quiere vengar la muerte de su esposa pero al final se acaba enrollando con Connie Nielsen, lo mismo le pasa a William Wallace). Estas historias de amor siempre recurren a las mismas frases para definirse, los amantes comparan a los otros con elementos bellos de la naturaleza, como flores, el cantar de los pájaros, las nubes, el sol siempre lo más cursis posibles. Alejandro Magno, dentro de este género, es una gran película. Aceptando todos sus fallos, todos sus tópicos, aceptándolos por que ya no nos queda ninguna esperanza de recuperar Espartaco, Ben-Hur o Cleopatra, se descubre una película con discursillos no tan malos como las de otras, batallas no tan malas como otras y algunas complejidades en el personaje de Alejandro Magno, por que si, ¡hay personajes!, hay un hombre que piensa y habla más de dos minutos seguidos (Peter Jackson y su cacalogía no han lavado el cerebro a todo el mundo). Y así vemos a Alejandro como un soñador, un hombre que solo quiere ir al final de mundo para ver que hay más allá. Y la verdad, si Oliver Stone no estuviese tan pendiente de ponernos escenitas con el Farrel y el Leto dándose besitos (y no lo digo por ser homófobo, sino por la patética realización de las mismas) con los ojos llorosos y más por llenar de matices a Alejandro la película se beneficiaría. El problema es dar un narrador a la película (Ptolomeo, que cuenta todo 30 o 40 años después), que biene muy bien para despachar mitad del viaje con 5 palabras, pero que a la hora de dibujar a los personajes no se puede dibujar un perfil claro, ya que ninguna persona puede penetrar completamente en otra. Aún así hay fallos de narración gravísimos relacionados con esto, ¿como podía saber Ptolomeo la vida íntima de Alejandro con su madre y su esposa? ¿Tenia agujeritos en las habitaciones para espiarlo? Es un error, a mi juicio, bastante molesto, pero tan habitual en las películas actuales (y en muchos clásicos eh) que parece que hay que asumirlo como normal. Los actores no salvan una película (la arruinan más) De los actores hay poco que decir, sus caracterizaciones son muy buenas. Colin Farrel está mejor de lo que parecía en el trailer y Val Kilmer está sorprendente como su primigenio padre. Angelina Jolie está guapísima, enigmática y odiable y deseable al mismo tiempo, y eso es precisamente lo que se busca. Rosario Dawson, como Roxana, no hace nada digno de recordar, salvo sus IMPACTANTES desnudos (full full full) frontales. El séquito de Alejandro poco hace, salvo Jared Leto, que lo hace mal y parece una niña y Anthony Hopkins que cumple perfectamente. El problema es que están mal filmados. Oliver Stone se empeña en rodar todo en planos muy cortos, algo cada vez más habitual en él, pero claro no es lo mismo filmar a Fidel Castro sentado en su despacho en La Habana o a Jennifer Lopez abriendose de piernas que a Alejandro Magno intentando conquistar el mundo. Y ahí está el fallo que echa por tierra la película. ¿Qué ha pasado con los planos generales en las películas "épicas"? ¿Qué hay más espectacular que ver en un plano fijo a una hilera de soldados acercándose como en el Kagemusha de Akira Kurosawa?¿Y qué me dicen de esas largas conversaciones entre Julio César y Cleopatra en la película de Mankiewicz, rodado todo con sencillez, dejando que los escenarios nos seduzcan? Es que parece que hoy si no mueven la camarita aquí y allá cual Baz Luhrman a lo mejor la gente se aburre. No hay sitio para la planificación, para componer un plano bello, para lo que deberíamos esperar del cine. Nada de Nada. Alejandro Magno sigue la tendencia de otras muchas películas actuales. Si es mejor o peor, depende única y exclusivamente de su guión, de la historia que nos cuente, del trabajo que un hombre haga unos meses (aunque a veces parece son días) antes del rodaje. Después solo es filmarlo lo más rápido posible y ensamblarlo en el montaje. ¿Qué más da que se llamen Wolfang Petersen, Ridley Scott o Antoine Fuqua? El problema es que nadie podría esperarse que Oliver Stone nos pusiera a Alejandro Magno apareciendo de entre la niebla en cámara lenta con la música de Vangelis in crescento. ¿Qué ocurrió después de Nixon?
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