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Escrito por elisa   
lunes, 03 de abril de 2006
EL SER.
Alguien llamó al timbre; debía ser la última cita del día; se había concertado por teléfono, y ni siquiera el doctor Ferrando conocía a la paciente en cuestión.
- Vamos, Clara, abre de una vez - dijo el doctor -. Yo estaré en mi despacho; le dices que pase.
Clara esperó unos segundos y abrió:
- ¡¡¡Arrrrgghhhhhh !!!; ¡¡¡ Dios !!!, ¡¡¿Qué diablos es esto? !!... - gritó Clara espantada -. ¡¡¿Es una visión irreal o un dibujo recién sacado del aquelarre de Goya? !!...
- Soy Adelaida, la nueva paciente. - dijo el personajillo de la entrada con voz chillona -.vengo a la consulta.
Era una figura de baja estatura, aproximadamente uno cincuenta, de larga nariz y ojos saltones; tendría unos cuarenta años; su sonrisa dejaba ver sus dientes uno hacia cada lado y configuraba un rostro con apariencia de payaso, idiota y deforme.
Era una mujer, por llamarla de alguna manera, horrible, que dañaba la vista. Sin embargo, tenía un rostro familiar, te parecía haberla visto en algún otro sitio; sí, era una visión que podría encontrar semejanzas a alguno de los personajes que se exhiben en las televisiones de todo el mundo: los teleñecos; llamarla simplemente fea era halagarla, y decirle que era asquerosa era piropearla; era simplemente... indescriptible.
Clara, un poco más recuperada del susto, pero con el ritmo cardiaco acelerado y con la mano en el pecho, le dijo:
- Pase, pase, el doctor Ferrando la espera.
- Gracias, buena mujer - dijo ello -.
- Una cosa más - advirtió la secretaria del psiquiatra - :llame antes de entrar, por amor de Dios.
La mujer sonrió a Clara y entró; Clara estuvo a punto de recibir un shock al ver de nuevo su sonrisa, pero finalmente, se recuperó.
En el despacho se oyó otro grito:
- ¡¡¡ Arrrghhh !!!, ¡¡Es un Alien !!, ¡¡Nos invaden !!, ¡¡Que venga el del expediente X, pero que venga yaaaaaaaaaa...... !!!!!!!.
- No, tranquilicese, doctor - se oyó -; yo soy Adela, su nueva paciente -.
El doctor bajo de la silla a la que se había subido, se sentó y comenzó a reírse a carcajadas.
- ¿Carnavales, verdad?, ¿cree que estamos en carnavales? - preguntó el doctor -.
- No - dijo eso -,ya sé que no estamos en carnavales; no estoy disfrazada; soy así.
- Joder, que putada - murmuró el doctor -. ¿Y no ha pensado que usted lo que no necesita es un psiquiatra, que necesita algo como...digamos como...
- ¿Un cirujano plástico? - interrumpió Adela sonriente -.
- Si - dijo el doctor que daba la impresión de haberse quitado un peso de encima al no concluir la frase -.
- Pues sí - siguió Adela -. De hecho ya fui a uno; pedí hora, pero cuando me vio entrar se desmoralizó y dejó la profesión; ahora dicen que lo han visto en el parque echando migas de pan a las palomas.
- No me extraña - volvió a susurrar el doctor -.
El médico que con un gran autocontrol había podido contener sus impulsos de arrojarse por la ventana miró a la paciente y dijo:
- ¿Y qué es lo que busca usted en un psiquiatra? ¿tiene complejo de fea, tal vez?
- ¿De fea?; no, no, que va; yo no soy fea.
- ¿De ciega quizás?
- No, verá doctor; yo es que el otro día vi una película donde uno iba al psiquiatra y le contaba su vida, y entonces me dije: venga Adela, vamos al psiquiatra y contémosle nuestra vida a ver si nos ayuda a mejorar.
- ¿Y entonces pensó en mí? - preguntó el doctor -.
- Sí.
- ¡Qué putada ! - volvió a exclamar -.
- ¿No tiene un diván o algo como en aquella película?
- No, pero si quiere traigo un saco y se lo pongo en la cabeza.
- Es igual - dijo -, así estaré bien.
- Bueno, - dijo el doctor - puede empezar; explíqueme qué clase de persona es usted.
- De acuerdo - asintió Adela -; lo primero que le tengo que decirle es que yo no soy una persona; al menos mi madre nunca me lo dijo así; yo soy lo que ella llamaba...un ser.
- Perdone...- interrumpió el doctor -; ¿Es usted idiota?
- ¡¡Idiota !! - exclamó sonriendo - ¡¡Me encanta que me llamen así !!; me recuerda a los tiempos en los que yo vivía con mis padres en la granja.
Así, el doctor, con la firme sospecha de que su interlocutora era una completa gilipollas, y con unas ansias tremendas de abofetear esa horrenda cara, se decidió a escuchar la historia de ese ser:
- No recuerdo el día en que nací, pero mi madre me lo ha contado un millón de veces; ella estaba en la granja, dando de comer a los gorrinos cuando de repente sintió que ya era la hora; llamaron al doctor, y este acudió temprano.
Dice mi madre que cuando salí yo, no me dieron una zurrita en el culo como a todos los niños, sino que me cogió el médico por los pies y empezó a sacudirme contra la pared.
- ¿Tan fea la vio? - preguntó el psiquiatra -.
- No, que va; según mi madre, se puso así porque creía que lo que había salido de ahí era una comadreja que se había metido de alguna forma y se me había comido, y lo que intentaba el buen hombre es que me devolviese...pero era yo.
- ¿Y su madre no le dijo nada al médico mientras la golpeaba?
- ¡¡Claro que sí!! - exclamó sonriendo - ¡¡Ella lo animaba!!; la verdad es que cuando se dieron cuenta de que no era una comadreja, sino yo, se desilusionaron mucho; el médico se fue muy alterado; me han dicho que todavía hoy se le ve todos los viernes corriendo en pelotas por el parque grande.
- Bueno, sigo; mi infancia fue confusa, y mis recuerdos más frescos se remontan a aquellos días que pasaba horas y horas en el establo.
- ¿Y eso le creó algún trauma?
- No, pero a las vacas sí; en lugar de leche normal, la daban agria.
- Siga, por favor...
- Mi vida empieza a tomar forma a los nueve años; era 1964,y yo crecía feliz en mi pueblo.
Recuerdo perfectamente mi granja; había caballos, cerdos, vacas, ovejas, tres gatos, y un perro: "Quasimodo".
En esos años, sentía que me estaba haciendo mayor; me acuerdo cómo mi madre me decía: "Hija mía, algún día, cuando vayamos a la iglesia y se nos pase la vergüenza, te quitaremos la careta".
No sé porqué, todos decían que yo era fea; quizás tuviesen razón, pero yo me llevaba viendo tanto tiempo en el espejo roto del baño, que ya me había acostumbrado.
Sin embargo, mi padre aún se sobresaltaba al verme, y más de una vez se ha cortado al entrar yo cuando se afeitaba.
Mi padre siempre ha sido un hombre muy amable; decía que algún día me llevarían al circo, pero no a verlo, sino a actuar, en vivo, con los monos.
Cuando me encerraba en el cobertizo, yo pasaba esas dulces tardes jugando con los animales; jugábamos al escondite con todos, menos con las ovejas, que me esquivaban.
Yo me solía esconder, y ellos nunca me encontraban; aunque claro, tampoco me buscaban demasiado.
¡Qué feliz vivía allí!
Después de comer con la familia, cuando venían las visitas, me metían en un armario para que no me vieran. Un día me dio por escaparme, y la visita se asustó tanto que mis padres tuvieron que decirle que yo era un perro que vieron en una pajarería.
La visita dijo que no le extrañaba que me tuvieran en el armario...¿a qué se referiría?
Otras veces, risueña como siempre, me metía en las tocineras y jugaba a que era Mari Trini; escogía un tocino al azar y le cantaba románticas baladas al oido; aún así, se me escapaba siempre.
Pero sin duda, lo que más me emocionó de mi infancia, es cuando me habló el perro. Fue un día en el que cogí con mis manos sus grandes orejotas peludas, apoyé mi nariz sobre su hocico y le dije sonriendo: "¡Hola,Quasi !".Entonces sucedió: él apartó su hocico de mi cara, bajó la cabeza y dijo algo resignado:"...y a mí me llaman Quasimodo"; fue...como volver a nacer.
Entre mis actividades, lo que más me gustaba era camuflarme entre mis peluches. Ponía mi cara "agilipollada" y sonriente, y no me movía; parecía un muñeco más.
Un día que vino mi abuela de visita, al ir a cogerme a mí, cogió un troll de esos tan feos...¡Qué risas !. Cuando por fin decidí moverme para decirle hola se la tuvieron que llevar al hospital, a cardiología.
Otro día que vino, al despedirse, le dio dos besos al perro por no dármelos a mí; ¡Ja, ja! ¡Qué tonta, abuela!.
En séptimo hice una obra de monstruos en el colegio; casi no me sale bien porque se me rompió la careta, pero me ataron una goma a la nariz y la obra acabó siendo un exitazo.
Recuerdo que a veces, cuando salía a pasear con mis padres por el parque, ellos me ponían un pasamontañas del revés en la cabeza; me decían que la nuca tenía que estar siempre aireada, pero yo nunca lo entendí; así no podía ver.
Sólo sé que esas tardes en las que me camuflaba entre el oso, el troll y el mono, con mi cara de atontada, fueron las mejores de mi vida. ¿Cómo olvidar aquello? ¿Cómo olvidar a Quasi, a mi abuela, a los tocinos...? ¿Cómo?.
Sé que las cosas no volverán a ser nunca lo que eran.
Ahora soy preparadora de atletismo, y muy buena además; siempre que voy a los entrenamientos, a mis alumnos les entran unas ganas locas de correr.
¡Huy !, por cierto, el otro día, en el entrenamiento, me dijeron la cosa más bonita de mi vida. A ver si la recuerdo... ¡Ah, sí !; fue un morenazo escultural, que me miró y me dijo: "¡Quítate de ahí, joder!".
Fue maravilloso, pero cuando quise, loca de contenta, plantarle un beso en los labios, echó a correr.
Dicen sus compañeros que aún no ha parado, y que el otro día, su familia recibió una carta de Colombia...;¿Estará preparándose para ser un buen corredor de fondo?.
Bueno, creo que no me puedo quejar; la vida me ha tratado bien: Una prometedora carrera y unos maravillosos recuerdos...¿Qué más puedo pedir?".
El doctor se quedó pensativo...
- Bien, - dijo mientras escribía en un papel - toma esto y cámbialo cada ocho horas; es muy importante que lo lleves veinticuatro horas al día.
Adela cogió la receta:
- Pero doctor, ¿esto que me receta no es un saco?
- Exactamente; lo podrá encontrar en la tienda de abajo; ya que es usted tan feliz, debería pensar un poco más en los demás, y buscar el bien de su comunidad, así que colóquese este saco sobre la cabeza, y además de que respirará un aroma a patatas del campo, hará un favor a la gente y los hospitales tendrán menos demandas en cardiología.
Adela se lo puso, y dicen que ahora, por las calles de un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza, una figura deforme deambula por todos los rincones golpeándose en la cabeza contra las esquinas y molestando a todos los transeúntes,...con un saco bendito que oculta su rostro.

 

FIN.

 

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