| Toma Seis - OLORES |
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| Escrito por Buscemi | ||
| viernes, 11 de noviembre de 2005 | ||
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Hoy vino una persona a la oficina que olía igual que otra. Hay un jersey en mi casa que huele igual que esa persona que vino a la oficina que olía igual que la otra persona que huele como mi jersey.
Ayer me invitaron a un cigarrillo de los que no fumo, y olía como los cigarrillos que fumaba un amigo que se fue y nunca más volvió. Hace unos días, al despertarme, olía a mar, y era porque estaba soñado que estaba frente a él, y olía también como la señora que vino esta mañana, y al salir a la calle pasó a mi lado una chica que olía a recién duchada, tal y como olía siempre una persona que yo conocí y a la que debería volver a llamar porque hace meses que no sé nada de ella ni ella nada de mi. Cuando estoy triste, me subo a mi coche y conduzco de noche por la ciudad vacía. Veo calles, veo poca gente, y vaya a donde vaya, aunque sea sin rumbo fijo, siempre me detengo frente a una pastelería cercana al barrio en el que me crié. Allí, de noche, siempre huele a pan y croissants y pasteles. Abro la ventanilla del coche y me fumo un cigarrillo, y cuando vuelvo a casa, por fin consigo dormir, porque por fin estoy en paz con mis recuerdos. Algo se desata dentro de mí que me hace regresar, al igual que se desató cuando esta mañana entró esa persona en la oficina, al igual que se desató cuando mi amigo que se fue regresó durante unos minutos mientras me fumaba su cigarrillo de los que él ya no fuma porque la vida le obligó a dejar de hacerlo repentinamente. Si tuviera que elegir cómo morir, moriría rodeado de los olores de aquellas personas y de aquellos momentos que hayan construido mi vida paso a paso. No me importaría que ellos no estuvieran allí, porque desde siempre he contado con el hecho de que no estarán. Puede que alguno sí, uno o dos o tres, pero si hay un perfume a mi lado, el olor de la playa por la noche, el olor del pan recién hecho, el olor de mi zippo cuando enciendo un cigarrillo, el olor de mi hijo cuando se acaba de echar su colonia favorita... Entonces, no creo que necesite más para sonreír. Cuando llega un olor, un olor que me trae recuerdos, que me traslada a otro tiempo, a otro lugar, a otra persona, a otros brazos, a otros sentimientos, no me importaría quedarme ciego. A los pocos minutos me arrepiento de pensar así, pero durante esos breves instantes, solamente aquel momento vivido importa en mi vida. Sólo tengo que cerrar los ojos y ellos, ella, el lugar, el momento, están de nuevo conmigo. Cerrar los ojos y oler es lo más parecido a tener una máquina del tiempo. Tener los ojos abiertos y no sentir nada debe ser muy parecido a estar muerto. Hoy vino una persona a la oficina que olía igual que otra...
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