| Toma Trece - EL ECUADOR |
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| Escrito por Buscemi | ||
| viernes, 11 de noviembre de 2005 | ||
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Las vacaciones son de las pocas cosas en las que uno sabe que ha pasado el ecuador. Uno nunca puede discernir con seguridad si se encuentra o está cerca del ecuador de su vida, de una relación, de una amistad, incluso a veces resulta difícil, si la película es buena, darnos cuenta de que nos encontramos más o menos en su ecuador.
Eso es lo bueno que tienen las cosas intangibles. Que uno no puede percibir si se encuentra más o menos al principio, en la mitad, hacia el final o en sus últimas agonías. Todos nos hemos encontrado alguna vez en ese momento en el que descubrimos que la relación que creíamos perfecta se va al garete, la amistad que creíamos perdida reaparece, o en el peor de los casos, alguien decide hacer una segunda parte de una gran película y descubrimos con horror que aquello que considerábamos un final perfecto no era más que una pausa en la historia. Uno nunca sabe si se ha fumado la mitad de los cigarrillos de su vida, si mañana va a tomar la decisión de dejar de fumar, si su maravilloso ordenador va a apagarse definitivamente o si la vecina marchosa va a replantearse su existencia. Lo bueno y lo malo de todo esto es que nunca podemos saber exactamente en el momento en que nos encontramos con respecto a la vecina, los cigarrillos, nuestra pareja o nuestros amigos. En cualquier caso, tenemos la posibilidad de seguir fumando hasta el último día. O de luchar por esa pareja, o tal vez no, pero sí luchar por esa amistad, o tal vez no, o sí mimar nuestro ordenador, o no. Y, si nuestro criterio así nos lo dicta, no ver esa maldita segunda parte, con lo cual la historia para nosotros habrá terminado donde queríamos, y sabremos con certeza donde se encuentra su principio, su ecuador y su final. De todas formas, esta última solución implica decidir. Lo bueno que tienen la amistad que se termina, la pareja que plantea un momento de reflexión, el cigarrillo que hace que nos duela la garganta o el productor de turno que quiere más pasta, es que nos obligan a girar la cabeza en su dirección... o en sentido contrario. De momento, puedo sentirme tranquilo. Hoy no ha habido extraños planteamientos de pareja, las amistades parecen seguir donde estaban, el cigarrillo no me ha provocado dolor de garganta, y la única película que tengo a días vista es la de mi superhéroe favorito de la infancia. Pero estoy en el ecuador de mis vacaciones. Y ellas también se merecían una columna.
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