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Toma Diecinueve - VICIOS PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Buscemi   
viernes, 11 de noviembre de 2005
Tengo un amigo que es capaz de llamar al trabajo y decir que tiene fiebre para pasarse dos días en casa cuando se compra un juego nuevo para la Play2. Tengo una amiga que se gasta muchisimos euros en ropa, y los saca de debajo de las piedras si hace falta. Y un compañero de trabajo que tiene absolutamente toda la discografía de los Beatles, y remueve roma con santiago cada vez que se entera de un nuevo disco de rarezas que acaba de salir al mercado (sea cual sea el mercado).

Yo tengo mis propios vicios. Algunos confesables, y otros que jamás reconoceré ante alguien que no sea yo mismo, ni en esta columna ni siquiera bajo juramento. El último de ellos son los DVD's. Y fumar, tal vez demasiado, y porqué no, fumar algun elemento o sustancia ilegal de vez en cuando. Y ahora ya no puedo dejar de beber vino tinto con las comidas. Durante unos años, uno de mis vicios eran las camisas. Si veía una que me gustaba, iba a por ella.

Después, ese vicio pareció desaparecer, pero últimamente parece que quiere volver. Y apuesto a que hay alguno que otro más, eso sin contar los inconfesables de los que hablaba unas lineas más arriba, pero que están ahí, y me acompañan, en ocasiones proporcionandome momentos gratos y en otras ocasiones más de un dolor de cabeza.

Conozco a algunas personas que presumen de no tener ningún vicio. En esta epoca, apuesto a que mas de uno incluso presumiría de no tenerlos en pleno mitin electoral. Pero mienten. Y, al hacerlo, me alejan de ellos. O puede que su vicio oculto sea ocultarselos a si mismos, o que mentir sea su vicio oculto y no declarado. O tal vez mienten y se envician en ello y de esa manera esconden ante mis ojos el resto de sus vicios, los innombrables y los que, a pesar de poder, quizás, tolerarse con mayor o menos benevolencia, se niegan a si mismos y a los demás.

Lo peor de todo es que, al no reconocérselos a si mismos, al mentirle a su propia existencia, sus vicios se convierten en algo oscuro y que, de alguna manera, estoy seguro, detestan, y al detestarlos, al esconderlos, se esconden a si mismos ante sus propios ojos, renegando interiormente de ellos, presa del remordimiento que siempre produce el no aceptarse tal y como son. Y de esa manera, esas mentiras se convierten en una bola de nieve que, al rodar, marca su propia existencia , en parte basada en la auto-mentira.

Me gustan mis vicios. Incluso lo que solo me reconozco ante el espejo. Me gusta tenerlos, y aunque sean inconfesables ante los demás, nunca lo serán ante ese espejo en el que me miro siempre que puedo, tengo o estoy obligado a ello. Y al verme me siento quizás un poco más tranquilo, ya que, aunque ante vosotros nunca los reconoceré, no me miento cuando veo mi reflejo. Y supongo que eso me ayuda a seguir adelante, pensando en que tal vez no sea tan bueno tener esos vicios ni que ellos sean tan malos por si mismos.

Y así sigo, caminando con ellos, acompañandome, a veces en la penumbra, a veces a pleno sol, a veces en la oscuridad absoluta. Pero ellos están conmigo y yo con ellos, y aunque el tiempo a veces los ha ido convirtiendo en una pesada losa, a veces en un agradable equipaje, forman parte de mi.

Y yo, y todos, nos mintamos o no, somos un reflejo de esos vicios.

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